TE INVITO A QUE LEAS EL TEXTO QUE A CONTINUACIÓN TE PRESENTO:
RECUERDOS
Nadie puede estar al mismo tiempo en el presente y
en el pasado, ni siquiera al intentar entender lo sucedido. El pasado no
volverá: no podemos ser eternamente niños, adolescentes tardíos, hijos con
sentimientos de culpa o de rencor hacia sus padres, amantes que reviven día y
noche su relación con una persona que se fue para no volver. No podemos ser
empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar
vinculado a nosotros. ¡Los hechos pasan y hay que dejarlos ir! Todo pasa, y lo mejor
que podemos hacer es no volver a ello. Por eso es tan importante (¡por muy
doloroso que sea!) destruir recuerdos, cambiar de casa, donar cosas a los
orfanatos, vender o dar nuestros libros.
Todo en este mundo visible es una manifestación del
mundo invisible, de lo que sucede en nuestro corazón. Deshacerse de ciertos
recuerdos significa también dejar libre un espacio para que otras cosas ocupen
su lugar. Dejar para siempre. Soltar. Desprenderse. Nadie en esta vida juega
con cartas marcadas. Por ello, unas veces ganamos y otras, perdemos. No esperes
que te devuelvan lo que has dado, no esperes que reconozcan tu esfuerzo, que
descubran tu genio, que entiendan tu amor.
Deja de encender tu televisión emocional y ver
siempre el mismo programa, en el que se muestra cómo has sufrido con
determinada pérdida: eso no hace sino envenenarte. Nada hay más peligroso que
las rupturas amorosas que no aceptamos, las promesas de empleo que no tienen
fecha de inicio, las decisiones siempre pospuestas en espera del "momento
ideal".
La vida está para adelante, nunca para atrás. Si
andas por la vida dejando puertas abiertas "por si acaso", nunca
podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción. ¿Noviazgos o amistades
que no clausuran?, ¿Posibilidades de regresar? (¿a qué?), ¿Necesidad de
aclaraciones?, ¿Palabras que no se dijeron?, ¿Silencios que lo invadieron? Si
puedes enfrentarlos ya y ahora, hazlo, si no, déjalos ir, cierra capítulos.
Dite a ti mismo que no, que no vuelven. Pero no por orgullo ni soberbia, sino,
porque tú ya no encajas allí en ese lugar, en ese corazón, en esa habitación,
en esa casa, en esa oficina, en ese oficio.
Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días,
hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la
puerta, da vuelta a la hoja, cierra el círculo. Ni tú serás el mismo, ni el
entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto,
nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no
está en tu vida.
Paulo Cohelo





